Rally de Frutillar, uno como los de antes.

Fotografia Daniel Halac Rally Mobil

La cuarta fecha del Nacional en Frutillar deja varios elementos de análisis. Aunque el principal es la sensación de que a orillas del Llanquihue hay cierta mística que no se pierde más allá que no se corra dando la vuelta al lago.

Muchos han de considerar el Rally de Frutillar como una auténtica masacre. Un derbi de demolición. Sin embargo, la cuarta fecha del campeonato fue, en muchos sentidos, un retorno a las raíces.

Primero, por el escenario. Si bien ya no es posible correr la mítica y rápida vuelta al lago Llanquihue, que por clásico que era hoy se encuentra asfaltada, los caminos del lado de Fresia mantienen esa esencia rápida y plagada de ciegos que caracterizaban esa carrera. Tal vez ya no está el “Choclo” dominando en casa o “Coyote” Villagra haciendo proezas en Río Pescado con el Mitsubishi Lancer OZ, pero el espíritu está.

Y no sólo en la ruta. Porque, a la vera del camino, volvió la gente a salir a alentar a los competidores. Como hace rato no se veía, o mejor dicho como sólo se ve en las regiones de Los Ríos y de Los Lagos, el público se volcó a las verdes praderas llanquihuanas para acompañar a las tripulaciones.

También fue un reencuentro con otra clave que caracteriza al rally. La breve especial nocturna del viernes demostró que este tipo de pruebas se echan de menos. Muchísimo. Desafiando las bajísimas temperaturas de esa jornada, entre las penumbras, también estaba lleno de público siguiendo la carrera.

Luego, sábado y domingo, queda para el análisis la que algunos consideraron una masacre: 27 abandonos sobre los 49 autos que largaron hablan de la dureza de la carrera. Pero no fue una dureza como la que acostumbraba a ser la de La Serena, donde los caminos interiores del Valle de Elqui eran rompedores por la morfología de la ruta y la composición rocosa de los caminos. Ahora, en cambio, en los ripiosos caminos sureños la velocidad pasó la cuenta, con despistes y -sobre todo- vistosos volcamientos, que hablan también de la exigencia del campeonato… Poco se puede especular y no hay otra forma que no sea ir a fondo. Eso hace cometer errores. Y aunque el resumen suene a no tan bueno por la cantidad de abandonos, quienes acompañamos desde debajo de los autos agradecemos que los competidores vayan jugados y no con la caña de pescar, que los puestos se ganen peleando los tramos y no esperando la desgracia del resto.

En ese sentido, llega otro aspecto destacado al análisis de la carrera. Y es que los escasos segundos que separan al ganador de la categoría mayor. La R3 se definió por sólo 3,4 segundos. A su vez, la diferencia de puntaje por el cetro también es mínima entre tres pilotos. Eso denota que el campeonato está mejor. Para reflexiones posteriores quedará pensar la conveniencia del arribo de la R5 o no. Por como están las cosas hoy, parece un despropósito abrir otra serie y que se desgrane un choclo que hoy está lindo, entretenido, parejo, competitivo. Hacer una categoría para unos pocos, para algunos que no son necesariamente los mejores, como lo son quienes están hoy en la R3, es discutible. Por lo menos.

Sin embargo, veamos el vaso medio lleno de este fin de semana: volvió una carrera como las de antes, con peleas como las de antes, con emociones como las de antes. Parece que nos estamos poniendo viejos, porque añoramos esas carreras de fines de los 90 o de principios de siglo, cuando el “Coto” Yañez terminaba llorando a poco de la meta tras abrazar su auto a un poste. Porque, finalmente, la emoción del rally consiste, precisamente, en ver a nuestros héroes jugarse a fondo en cada curva. Y parece que en Frutillar y Fresia se reencontró esa mística, en un campeonato que parece acercarse a uno de los mejores de la era Mobil, gracias a la lucha por la categoría principal.

Rallychileno.cl

Fotografia: Daniel Halac – Rally Mobil