El que busca siempre encuentra.

Para el Rally de Frutillar, los caminos fueron complicados y duros. A priori, la selección de las rutas podría parecer buena, excelente u óptima, incluso. Sin embargo, la carrera se batió sólo con tres tramos, corridos en ambos sentidos dependiendo de la etapa. Y si bien se sabe que cada día son menos las alternativas, puesto que la modernidad ha hecho que el grueso de las vías se vayan asfaltando, llama la atención la escasa variedad que, a ratos, exhibe nuestro Campeonato Nacional.

Da la impresión que la decisión para Frutillar fue relativamente acertada, a la luz de la dificultad que representaban los rápidos caminos.

Trascendió que sólo se eligieron esos tres caminos para evitar hacer aún más largos los enlaces. Desde esa perspectiva, la selección de rutas parece adecuada. Pero… ¿no había más alternativas relativamente cercanas y que cumplieran con ciertos estándares? Quienes conocen la zona concuerdan que hay vías cercanas que pudieron ser usadas.

Una cosa es usar caminos repitiendo año a año las rutas, lo que es una sana costumbre. Necesaria, incluso. Pero otra, muy diferente, es buscar poco u optar por lo más fácil, como es correr en ambos sentidos.

Y en Frutillar, o en esa zona, mejor dicho, había alternativas.

Lo mismo aplica para otras carreras, cuando se ha optado por suelos poco aptos para correr con precipitaciones, en pleno invierno y en zonas lluviosas.  Así, han terminado suspendiéndose tramos y hasta etapas casi enteras… Cuando había caminos más aptos y resistentes disponibles cerca…

El privilegio de caminos cercanos a las ciudades sedes de las competencias ha de ser alabado, en beneficio de la masividad, de acercar el deporte a la gente.

Pero eso debe ir aparejado a una correcta selección de rutas y a una buena información para el público que, eventualmente, quiere asistir a presenciar la lucha de los pilotos por la gloria. Porque ocurre que en algunos casos no termina pasando ninguna de las dos cosas: no se corre cerca, ni hay buena información para llegar a los tramos. Si no es por la sapiencia de algún amigo local, a veces es imposible llegar a ver el rally.

Más encima, el corte del paso al público en la ruta se realiza dos horas antes del inicio de la especial, con lo que ser espectador se transforma en un apostolado, más en invierno, con frío y lluvia (porque para el calor, siempre habrá bebidas para los amantes del rally). Cabe destacar que a pesar de todo lo anterior y gracias al gran fanatismo de los sureños, las rutas en Frutillar se llenaron de igual forma.

Tal vez, es momento que se revisen los procesos. El intento de mantener reducida o minimizada la cantidad de espectadores, por atendibles razones de seguridad, se enfrenta a la necesidad del deporte de contar con público, de ser un espectáculo masivo, que resulte atractivo para los auspiciadores en el costo por contacto de la publicidad que ponen en autos y equipos.

Está bien que se quiera hacer del rally un espectáculo deportivo seguro, pero la competencia también necesita público a la vera del camino, porque sin gente pierde interés para todos: pilotos, navegantes, equipos, patrocinadores…

Todo esto, va de la mano con la elección de rutas que, a ratos, parece al menos escasa en la variedad de dificultades que afrontan los corredores.

Rallychileno.cl

Fotografia: Prensa Rally Mobil.